Luego de alcanzar la gloria máxima al coronarse campeones nacionales tras vencer por 1-0 a la Universidad Católica, los jóvenes guerreros de la Sub-13 de Coquimbo Unido vivieron una noche inolvidable en el Restobar La Terraza, ubicado en el centro de La Serena.
La cita, que tuvo lugar el pasado sábado, no fue una cena cualquiera. Fue una cena de gala donde los jugadores, el cuerpo técnico y las familias se reunieron para procesar una hazaña que ya forma parte de la historia del club. Entre risas y abrazos, el plantel revivió el gol del capitán Pablo Águila, que con un “globito” de antología en el Centro de Alto Rendimiento “José Sulantay Silva”, le dio el título a los aurinegros.
“Somos los mejores de Chile”
Uno de los protagonistas de la velada fue el arquero del plantel, Agustín Alejandro Torres Quiroga, quien compartió lo que significó este proceso en su año de debut como cadete. Con la medalla en el pecho y visiblemente emocionado, el joven portero describió el camino al título como una montaña rusa de sentimientos.
“Fue una experiencia muy emocionante de inicio a fin. Viví nervios y tristeza, pero por sobre todo mucha felicidad junto a mi familia de afuera y mi familia futbolística, que son mis amigos. Ser campeones en Chile no lo hace cualquiera; nosotros tenemos el respaldo de que somos los mejores del país actualmente”, relató Agustín, quien ya proyecta su futuro: “Mi aspiración es seguir dándole y seguir siendo campeón”.
Identidad y compromiso familiar
El estratega de esta campaña, el experimentado Benjamín Valenzuela, también destacó que el trofeo es el resultado de un factor clave: el corazón. “Agradezco el compromiso y la garra inquebrantable de estos niños, pero sobre todo el apoyo incondicional de los padres. Este triunfo es de la familia pirata”, enfatizó el DT.
Gala en el corazón de la ciudad
El Restobar La Terraza, ubicado en el centro de La Serena, brindó el marco de hospitalidad necesario para esta celebración. El ambiente mezcló la elegancia de una gala con la cercanía de la comunidad coquimbana, permitiendo que los niños —hoy convertidos en los mejores de Chile en su categoría— fueran los protagonistas de una noche que quedará grabada en sus memorias tanto como el pitazo final en la cancha.

