Hace más de una década, mientras trabajaba en CORFO, en la Gerencia de Atracción de Inversiones para la Región de Antofagasta, aprendí una lección que el tiempo no ha hecho más que confirmar: las regiones no pierden inversiones por falta de activos, sino por falta de relato. Antofagasta tenía litio, cobre y sol. Coquimbo tiene energías renovables, minería, acuicultura, turismo y una posición logística privilegiada. Lo que ambas compartían, y lo que Coquimbo aún puede corregir, es la ausencia de una estrategia territorial de atracción de capitales pensada con la misma seriedad con que se diseña un proyecto productivo.
La Región de Coquimbo no es un territorio menor. Con más de 700 km de litoral, reservas de hierro y cobre en la Cordillera de los Andes, una irradiación solar entre las más altas del mundo y un ecosistema de PYME agroindustriales y acuícolas con real potencial exportador, esta región reúne condiciones que muchos destinos competidores de América Latina quisieran tener. Sin embargo, en los últimos años, la inversión ha preferido otras regiones: no necesariamente mejores, sino más articuladas en su oferta.
Los inversores no buscan solo rentabilidad; buscan certeza, velocidad y un interlocutor que hable su idioma. Una región que no tiene sistematizada su oferta de valor, pierde la conversación antes de empezarla.
El Estado chileno comenzó a replantear el rol de los organismos públicos en la generación activa de negocios. Pero ese replanteo no puede significar un vacío. Hoy, en la lógica de la colaboración público-privada, son las consultoras estratégicas, las cámaras de comercio y los gobiernos regionales los llamados a llenar ese espacio con propuestas concretas, datos actualizados y capacidad de acompañar al inversionista desde la prospección hasta la operación.
¿Qué necesita Coquimbo para dar ese salto? En primer lugar, un mapa actualizado de sus activos y ventajas competitivas por sector: energía, minería, turismo, agroindustria y pesca. En segundo lugar, una narrativa regional coherente y diferenciada, que permita al territorio competir con datos, no con folklore. En tercer lugar, un ecosistema de articulación – entre el Gobierno Regional, los municipios y el sector privado – que entregue respuestas rápidas y reduce la fricción para el inversionista. Y, finalmente, la decisión política de poner la atracción de inversiones en el centro de la agenda de desarrollo regional, no como un accesorio, sino como un pilar estratégico.
La oportunidad existe. La transición energética global, el reshoring de cadenas productivas y la creciente búsqueda de estabilidad jurídica en América Latina ponen a Chile – y a Coquimbo en particular – en una posición privilegiada. El desafío no es esperar que la inversión llegue sola. Es salir a buscarla, con estrategia, con consistencia y con la convicción de que esta región tiene mucho más que ofrecer de lo que el mercado hoy conoce.
Juan Carlos Núñez Agreda
CEO & Founder, URKAN
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