Columna de Opinión: José Vergara Alcaíno, periodista.
Estamos a menos de dos semanas de las elecciones presidenciales y parlamentarias, pero el ambiente electoral no prende, al menos en la Región de Coquimbo. La contienda parece una realidad lejana, un eco que llega desde Santiago. Hoy, las redes sociales, los reels efectistas y las demagogias se toman el eje central de campañas que no tienen asidero real en las necesidades de una sociedad ávida de crecimiento económico y mayor equilibrio social, sobre todo la clase media.
Sin embargo, esta apatía no es casual. Es el síntoma de un problema más profundo: la desconexión de nuestros representantes con la escena local.
La actividad política regional ha sido reemplazada por una performance en redes sociales y medios nacionales, abandonando las necesidades y el debate del territorio donde los actuales parlamentarios fueron elegidos. Aparecieron ahora que están compaña, así de simple.
Es difícil que el rol parlamentario genere pertenencia local cuando los diputados en ejercicio poco se ven con banderas de lucha de temas regionales a lo largo de su periodo, salvo honrosas excepciones. Para muchos, la “pega” parlamentaria se ha reducido a la trinchera digital: hacer comentarios, lanzar ataques o acusaciones por redes sociales y buscar la cuña en medios nacionales. Con eso, pareciera que basta.
El contraste con el pasado es evidente. Hace 15 años, la pertenencia local de diputados y senadores era distinta. El diputado Marcelo Díaz, por ejemplo, opinaba de coyuntura regional cada vez que visitaba el distrito. Lo mismo pasaba con los senadores Jorge Pizarro o Evelyn Matthei, quienes abrían las sedes regionales de sus partidos para invitar a la prensa y debatir sobre los menesteres de las tres provincias. Había debate local.
Hoy no existe nada de eso. Lo único que importa es el proyecto de ley que te haga salir en un matinal o en la televisión de Santiago.
Pero este escenario no se limita al Congreso. La crisis atraviesa también la política partidista regional. Tenemos presidentes de partidos regionales —tanto del oficialismo, Chile Vamos o Republicanos, por nombrar algunos— que simplemente no existen, ¿alguien los conoce? Quizás ahí Matías Riffo del Frente Amplio es la excepción, independiente de sus comentarios que no podría no estar de acuerdo, pero por lo menos opina.
Más allá de la ideología de cada conglomerado, el relato político de la realidad regional pareciera no interesarles. Recuerdo cómo a principios de los años 2000, los presidentes de los partidos locales opinaban, tenían voz y coraje. Por ejemplo, recuerdo a Lombardo Toledo en su calidad de ese entonces como presidente regional de la DC (hoy CORE), el hombre en antaño hacía hasta punto de prensa en el extinto café de El Patio en La Serena, otros también. Hoy, salvo excepciones, la mayoría se esconden y están en “mute”.
La estructura de los partidos políticos en la región ha renunciado a su rol de generar debate y liderazgo, dejando un vacío total en la construcción de una agenda regional.
Esta suma de ausencias —parlamentarios enfocados en Santiago y partidos locales en silencio— genera un vacío peligroso. La Región de Coquimbo enfrenta desafíos urgentes que no se están debatiendo con la seriedad que merecen, porque aquellos que deberían liderar esa discusión, simplemente, han decidido no estar, no existen.

