Columna de opinión
Las recientes crecidas de los ríos de la Región de Coquimbo y Atacama, y el impacto que han tenido sobre viviendas, infraestructura y actividades productivas en las zonas ribereñas, nos obligan a hacernos una pregunta que no podemos seguir postergando: ¿cómo vamos a construir nuevamente en lugares que sabemos que los cauces volverán a inundar y donde existen viviendas?
La respuesta no es clara, ya que los habitantes difícilmente dejarán de habitar estos nuevos territorios que se habilitaron en las riberas de los ríos posteriormente a la construcción de embalses, como es el caso del Embalse Puclaro. También debemos aprender a convivir con el agua, entendiendo el comportamiento histórico de los ríos y diseñando soluciones de infraestructura capaces de resistir eventos extremos.
En este contexto, la Región de Coquimbo debería mirar hacia el sur de Chile y estudiar una solución arquitectónica que lleva siglos demostrando su capacidad de adaptación: los palafitos.
Aprender de Chiloé
En las zonas costeras de Chiloé, la arquitectura tradicional desarrolló una estrecha relación con el agua. Los palafitos fueron construidos sobre pilotes, elevando las viviendas respecto del nivel del terreno y permitiendo que las mareas pudieran circular por debajo de las construcciones.
No se trata de copiar literalmente esa arquitectura, sino de aprender de su principio fundamental: cuando el agua forma parte del territorio, la construcción debe adaptarse a ella.
La pregunta surge: ¿cómo podrían las facultades de Arquitectura empoderarse y proponer nuevos sistemas constructivos para la Región de Coquimbo, particularmente en el Valle de Elqui, uno de los sectores más dañados por los embates de los cauces de los ríos?
Claramente, alguien debe hacer el trabajo de pensar cómo enfrentar este desafío. Las universidades, con sus escuelas de Arquitectura, deberían proponer nuevas ideas, y debemos comenzar a incorporar una nueva mirada en la planificación urbana y rural de las zonas ribereñas, sobre todo si pensamos que pronto comienzan los deshielos y ya se está hablando de que el Embalse Puclaro superará su cota y deberá liberar agua.
¿Por qué debemos cambiar el tipo de construcción?
Después de una emergencia, es comprensible que exista una fuerte presión por reconstruir rápidamente.
Sin embargo, reconstruir exactamente en las mismas condiciones y con los mismos sistemas constructivos puede significar repetir el problema en el futuro.
La experiencia nos indica que muchas personas volverán a construir cerca de los ríos. Algunos lo harán por necesidad; otros, porque estos terrenos tienen valor productivo, turístico o inmobiliario.
Por eso, en lugar de simplemente asumir que estas construcciones desaparecerán de las riberas, debemos preguntarnos cómo podemos hacerlas más resilientes.
Aquí aparece el concepto de los “palafitos del río”, comenta Maximiliano Morales, asesor de proyectos estratégicos de infraestructura, que se plantea como una propuesta de nuevos sistemas constructivos elevados, utilizando pilotes, estructuras reforzadas y materiales adecuados para soportar eventuales crecidas.
Estos sistemas podrían incorporar viviendas y construcciones elevadas respecto del terreno, con pilotes y fundaciones diseñadas considerando la dinámica del cauce, que ya es conocida a partir de este último evento catastrófico. Deberían ser estructuras resistentes a la presión y circulación del agua, además de contar con protecciones especiales para instalaciones eléctricas, sanitarias y de gas, sistemas de evacuación rápida y espacios inferiores abiertos para permitir el paso del agua cuando corresponda.
No hay que olvidar las soluciones de protección para accesos y caminos, así como sistemas de alerta temprana vinculados a las crecidas de los cauces, donde será clave el uso de inteligencia artificial.
Evidentemente, cada proyecto tendría que ser evaluado técnicamente según su ubicación, topografía, hidrología, normativa y nivel de riesgo, pero ahí viene la creatividad de los arquitectos y constructores.
No se trata de un planteamiento de construir indiscriminadamente sobre los ríos o dentro de sus cauces. Se está proponiendo estudiar una arquitectura adaptativa para aquellos sectores donde, después de los estudios correspondientes, se determine que es posible desarrollar infraestructura de manera segura.
Chile tiene una enorme tradición de adaptación arquitectónica frente a condiciones geográficas extremas, y ahora la Región de Coquimbo tiene que desarrollar su propia arquitectura de resiliencia hídrica.
No podemos controlar completamente la naturaleza, pero sí podemos mejorar la manera en que diseñamos nuestras ciudades, viviendas e infraestructura.
El desafío es pasar de una lógica de “reconstruir después del desastre” a una lógica de “construir para reducir el impacto del próximo evento”.
Una oportunidad para la innovación regional
Esta propuesta podría transformarse incluso en un laboratorio de innovación de la arquitectura para la Región de Coquimbo, donde Universidades, arquitectos, ingenieros, empresas constructoras, especialistas en recursos hídricos, municipios y organismos públicos podrían trabajar conjuntamente en el diseño de prototipos de viviendas y construcciones ribereñas resilientes.
Podríamos desarrollar modelos piloto, probar materiales, analizar costos y estudiar el comportamiento de diferentes sistemas estructurales frente a las crecidas.
Incluso podríamos convertir esta experiencia en una oportunidad para desarrollar nuevas soluciones constructivas exportables a otras regiones y países que enfrentan problemas similares.
Escrito por Maximiliano Morales
Advisor de Proyectos Estratégicos
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