- En la Escuela de Coquimbito, niños y niñas sorprendieron con pancartas, flores y muestras de afecto a las manipuladoras de alimentos. Entre las homenajeadas destaca Jenny Yáñez, quien lleva 16 años en el establecimiento y más de tres décadas dedicada a esta labor.
Para muchos niños y niñas, la hora del almuerzo es también un momento para encontrarse con esas “tías” que los reciben con una sonrisa, conocen sus gustos y se preocupan de que coman bien. Son las manipuladoras de alimentos, quienes, desde los comedores escolares, se han ganado un lugar especial en el corazón de generaciones de estudiantes.
Ese cariño quedó demostrado en la Escuela de Coquimbito, donde una jornada habitual se transformó en una emotiva sorpresa. Durante el almuerzo, los escolares recibieron a sus queridas “tías” con pancartas, flores y mensajes de agradecimiento, en un gesto de reconocimiento a quienes los acompañan diariamente.
Entre las homenajeadas estuvo Jenny Yáñez, quien lleva 16 años trabajando en el establecimiento y más de 30 dedicada a la alimentación escolar. A lo largo de su trayectoria ha visto crecer a distintas generaciones de estudiantes, muchos de los cuales todavía la recuerdan con afecto, incluso después de haber dejado las aulas.
“Es algo tan gratificante tratar siempre de darles lo mejor a los niños, que coman rico, que estén contentos con la comida, que les guste. Y eso es ponerles cariño a las cosas. Muchos de ellos ya se fueron y volverlos a ver, que me saluden con el cariño de siempre cuando me ven por la calle, muchas veces ni siquiera los conozco, pero ellos sí se acuerdan de mí. Yo creo que eso es lo mejor que a uno le puede pasar”, expresó emocionada Jenny Yáñez.
La trabajadora también confesó su sorpresa por el homenaje preparado por la comunidad educativa, destacando que este reconocimiento representa a todas sus compañeras.
“Nunca me lo esperé. Son ya más de 30 años trabajando en esto y jamás me lo había imaginado. Pero creo que también representa a todas mis compañeras, porque todas trabajamos lo mismo y le ponemos todo el cariño del mundo”, agregó.
La actividad permitió destacar el aporte de las manipuladoras de alimentos al bienestar de los estudiantes, no solo mediante la entrega diaria de sus raciones, sino también a través de la cercanía y confianza que construyen en los espacios de alimentación.
En ese contexto, el seremi de Educación de la Región de Coquimbo, Marcelo Salvo Meneses, señaló que “estamos aquí para reconocer a las manipuladoras de alimentos por una labor muy importante en todos los establecimientos de nuestra región. Ellas entregan alimentación diaria a nuestros estudiantes y generan un ambiente muy cercano, donde también colaboran con la educación de nuestros niños, brindándoles un espacio seguro y tranquilo. Así que un saludo muy cordial para todas las manipuladoras de Chile y, en especial, para las de la Región de Coquimbo”, dijo la autoridad educacional.
Por su parte, la directora regional (s) de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB), Elizabeth Bergel Colins, destacó el trabajo de las más de mil manipuladoras de alimentos que desempeñan esta función en la región.
“Hoy queremos reconocer y agradecer la importante labor que realizan más de mil manipuladoras de alimentos en toda nuestra Región de Coquimbo. Su trabajo va mucho más allá de preparar y entregar diariamente las raciones alimenticias a nuestros estudiantes; ellas cumplen un rol fundamental en su cuidado, bienestar y desarrollo, convirtiéndose en un pilar importante de nuestras comunidades educativas. Como Junaeb, valoramos profundamente su compromiso, dedicación y el cariño que entregan día a día a través de su trabajo, contribuyendo a una alimentación digna y al bienestar de miles de niñas, niños y jóvenes de nuestra región”, puntualizó.
La jornada, realizada en el contexto de la reciente conmemoración del Día de la Manipuladora de Alimentos, permitió visibilizar el aporte de estas trabajadoras a la vida escolar y agradecer una dedicación que trasciende generaciones.
Para Jenny, el reconocimiento más significativo sigue estando en esos antiguos estudiantes que, al encontrarla por la calle, se acercan a saludarla con el mismo cariño de cuando compartían sus almuerzos en la escuela. Un gesto sencillo que refleja la huella que las “tías” del comedor dejan en la memoria de quienes alguna vez estuvieron bajo su cuidado.

