Mientras Chile avanza en el posicionamiento internacional de sus parques nacionales, áreas marinas protegidas y rutas de avistamiento de cetáceos, existe una deuda histórica que aún no ha sido abordada con la profundidad que merece: la recuperación y puesta en valor del patrimonio asociado a la antigua industria ballenera nacional.
Durante gran parte del siglo XX, localidades como Quintay, Chome, Corral, Chiloé y diversos territorios de la Patagonia fueron escenarios de una intensa actividad de caza de ballenas. Miles de cetáceos fueron capturados y procesados en instalaciones industriales que hoy permanecen abandonadas, olvidadas o en franco deterioro.
El puerto de Coquimbo fue utilizado por embarcaciones nacionales y extranjeras que operaban en el Pacífico Sur durante los siglos XIX y XX. Existen registros de recaladas de barcos balleneros estadounidenses, británicos y noruegos que utilizaban el puerto para abastecimiento y reparaciones.
Paradójicamente, mientras Chile se ha transformado en uno de los principales defensores de la conservación de las ballenas a nivel mundial, gran parte de la historia que explica esta transformación permanece invisible para las nuevas generaciones.
Según comenta Maximiliano Morales, advisor de proyectos estratégicos de turismo, innovación y desarrollo territorial:
“La recuperación de antiguas estaciones balleneras no debe interpretarse como una glorificación de la caza de cetáceos. Todo lo contrario. Debe convertirse en una herramienta de educación ambiental, memoria histórica y concientización sobre la relación entre el ser humano y los océanos.
Se trata de implementar museos interactivos, centros de interpretación, laboratorios de investigación marina, espacios educativos para estudiantes y turistas, además de programas de turismo científico que podrían desarrollarse en antiguos complejos industriales, permitiendo comprender cómo evolucionó nuestra relación con estos gigantes del mar”, recalca Morales.
Experiencias internacionales en Noruega, Islandia, Canadá, Australia y Estados Unidos demuestran que la reconversión del patrimonio industrial marítimo puede transformarse en un motor de desarrollo económico para las comunidades costeras, generando empleo, atrayendo visitantes de alto interés cultural y fortaleciendo la identidad territorial.
Chile posee una ventaja competitiva única. Nuestro territorio concentra algunas de las principales rutas migratorias de ballenas azules, jorobadas, sei y fin del hemisferio sur. Chiloé, el Golfo de Corcovado, los canales patagónicos y el Estrecho de Magallanes constituyen laboratorios naturales de relevancia mundial para la investigación científica y la educación ambiental.
La combinación entre patrimonio histórico, conservación marina, innovación tecnológica y divulgación científica podría dar origen a una nueva generación de destinos de turismo científico costero, capaces de atraer investigadores, estudiantes, documentalistas, observadores de fauna marina y viajeros interesados en experiencias de aprendizaje profundo.
Esta visión requiere una articulación estratégica entre el sector público, universidades, centros de investigación, fundaciones de conservación marina, gobiernos regionales y actores privados comprometidos con el desarrollo sostenible de los territorios costeros.
Desde Amix Tech Lab, consultora especializada en proyectos estratégicos, señalan que Chile tiene la oportunidad de liderar en Latinoamérica una red nacional de turismo científico vinculada a la historia marítima, las ballenas, la conservación oceánica y la protección de otras especies marinas.
Transformar antiguas estaciones balleneras en espacios de educación, memoria y ciencia no solo permitiría rescatar una parte importante de nuestra historia, sino también contribuir a construir una nueva narrativa para las futuras generaciones: una donde el conocimiento, la conservación y la innovación reemplacen definitivamente la explotación indiscriminada de los recursos naturales.
Las antiguas balleneras de Chile pueden dejar de ser ruinas del pasado para convertirse en faros de educación, investigación y conciencia ambiental para el futuro.
Finalmente, Maximiliano Morales comenta que cuenta con el apoyo de destacadas figuras internacionales para avanzar en este desafío entorno al desarrollo de iniciativas costeras, debido a su trabajo anterior como Wine Specialist de Cruceros de Expedición donde organizaba catas de vinos bilaterales de Vinos Argentinos y Chilenos, entre ellas, Ximena Córdova, directora de la Fundación Emma Darwin de Galápagos, organización que promueve la investigación, educación y conservación de ecosistemas marinos. La visión compartida apunta a desarrollar experiencias inspiradas en modelos de turismo científico y sostenible, con especial interés en la costa del Pacifico Chileno.
Para la implementación de proyectos estratégicos de turismo científico, innovación territorial y puesta en valor del patrimonio costero, los interesados pueden comunicarse al +56 9 3251 7848 o al correo electrónico max@amixtechlab.com.

